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El amaranto (Huautli en Náhuatl) era considerado un cultivo básico por las civilizaciones Inca, Maya y Azteca y su cosecha era tan importante como el maíz y el frijol. El amaranto se consumía en forma de masa o Tzoalli elaborada con miel de maguey. Con la masa Tzoalli, se formaban figurillas de deidades (el cuerpo de los dioses, la “alegría” de los mortales) que se usaban como ofrendas a los dioses durante las ceremonias religiosas, de aquí su carácter de grano sagrado.

A la llegada de los españoles, quienes no entendían los rituales de nuestros antepasados, decidieron eliminar su cosecha perdiendo casi por completo el cultivo de un grano de gran importancia para la salud.

Desde el punto de vista de la composición de nutrientes, el amaranto comparte características de cereales (arroz, trigo, maíz) y leguminosas (frijol, soya, chícharos), contiene aminoácido esenciales que no tienen cereales y aquéllos que no están presentes en leguminosas. Por esto, nutricionalmente el amaranto se considera como una mezcla natural de cereales y leguminosas. El amaranto también se ha reconocido por sus contenidos altos de vitaminas (riboflavina, niacina), minerales (calcio y magnesio) y de escualeno presente en el aceite de amaranto. Las investigaciones han mostrado que el escualeno tiene un efecto benéfico para reducir los niveles de colesterol en sangre.

Pero de mayor atención, y de ahí el resurgimiento del amaranto en este nuevo siglo del amaranto como alimento nutracéutico o funcional (alimentos que más que nutrir ofrecen beneficios a la salud), se debe a que en las proteínas de amaranto se encuentran secuencias específicas de aminoácidos que al ser digeridos por el tracto gastrointestinal o por procesos de preparación de alimentos, estas secuencias específicas de aminoácidos son absorbidas y llevadas a órganos y/o tejidos específicos donde ejercen su acción en pro de la salud.

Una de las acciones de los péptidos de amaranto es la disminución de la presión arterial, de ahí que se consideran péptidos antihipertensivos. Otro grupo de péptidos de amaranto tienen la capacidad de inhibir la enzima dipeptidil peptidasa IV (DPPIV), enzima que actualmente es el blanco terapéutico en tratamientos para la diabetes.

Investigaciones preliminares en estudios clínicos, indican que el consumo de amaranto es capaz de disminuir las hormonas relacionadas con la obesidad

Más aún, el amaranto es una planta que puede crecer en suelos áridos y altas temperaturas, por lo que se considera un cultivo que puede adaptarse bien a las condiciones adversas provocadas por los cambios climáticos.

Pero el problema con el amaranto, es que a pesar de ser tan excepcional como planta tolerante, que produce semilla de alta calidad nutricional, con la llegada de los españoles perdimos la costumbre de consumirla.

Hoy en día el consumidor está mas consciente de su salud y eventualmente el “Huatli” llegará a ocupar el lugar que tenia en tiempos prehispánicos y podrá ayudar a contribuir con la meta de seguridad alimentaria de satisfacer la demanda de alimentos por la población mundial en constante crecimiento.

Texto por:

Dra. Ana Paulina Barba de la Rosa
Investigador Titular “C”
Miembro del SNI. Nivel 3
División de Biología Molecular, IPICYT


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Amaranto: una alegría para nuestra salud

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