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En México existe una disparidad entre la producción editorial y el hábito de la lectura. En 2013, las editoriales privadas tuvieron una facturación neta de 10 mil millones de pesos en publicaciones impresas. Por otra parte, cada año, en todo el país, vemos ferias del libro (nacionales, internacionales y especializadas) cuyos pasillos están repletos de personas que invierten su dinero en la compra de libros. Esto nos hace pensar que la producción editorial, venta y promoción de la lectura son tangibles, pero ello no se refleja en los hábitos de lectura de los mexicanos quienes, en promedio, sólo leemos 2.4 libros al año, y apenas el 2 por ciento son lectores constantes.

Esta situación se agrava si la contextualizamos en las comunidades indígenas donde predomina la tradición oral para reproducir la cultura. Entonces, ¿qué hacer para que este sector de la población tenga acceso a la lectura?, ¿debemos mantener su tradición oral y preservarla de manera escrita al mismo tiempo?

En el Laboratorio de Lengua y Cultura, Víctor Franco y José Flores Farfán, investigador del CIESAS, coordinan una serie publicaciones que abordan la riqueza cultural maya a través de la tradición oral. La travesía de los mayas (2012), Ñuma´na ñíví ñuu. Sueños Ñuu Savi (2012) y Adivinanzas mayas yucatecas (2013) son obras literarias sugeridas por la Guía de libros recomendados para niños y jóvenes 2015 realizada por IBBY México / A leer, una organización que busca arraigar el hábito de la lectura en la sociedad.

Entre las razones que llevaron a Flores Farfán a coordinar esas publicaciones está la necesidad de hacer libros para niños porque la lectura “los hace seres humanos pensantes y críticos”. Por otra parte, “publicarlos en lenguas que no tienen una tradición escrita es fundamental por dos distintas razones: una, porque es necesario celebrar la riqueza cultural, lingüística e histórica; la otra es porque permite terminar con el racismo y discriminación a ciertas comunidades indígenas y a sus lenguas: el hecho de no escribirlas no significan que no existan”.

La publicación de estos libros fue un reto para sus creadores porque recurrieron a la narrativa de las adivinanzas y sueños que “no son un género menor en la cultura escrita, sino la oportunidad reproducir la cultura maya a través de los juegos verbales y la riqueza sonora presentes en esta lengua y cultura milenarias. Las adivinanzas y acertijos eran formas de iniciar a los nobles mayas, de poner a prueba su inteligencia. Por ello, la tradición oral en los niños tiene una función social: no sólo es un juego, es parte de lo ritual”.

Flores Farfán considera que, si bien es un logro que IBBY México reconozca este trabajo, lo importantes es hacer “que estos materiales no se conciben exclusivamente para la población indígena, como se ha hecho en la historia de la educación: se publican libros para niños indígenas por una parte y, por la otra, libros para niños hispanohablantes. Hay que establecer un diálogo entre las dos lenguas y generar un producto útil para ambas. Afortunadamente, en la actualidad, hay una mayor sensibilidad hacia la diversidad lingüística. Establecer el valor de la diferencia es un trabajo que hacemos en el CIESAS”.

La siguiente etapa para esta serie de libros es consolidarlas, mostrar este proyecto a la mayor cantidad de personas posible para generar un impacto positivo en la educación y con ello lograr el total respeto a la diversidad cultural.


Galería

El acceso a la lectura en lenguas indígenas

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