Background Image
El Colegio de Michoacán

La cura está en el color: medicinas en la naturaleza

Galería
Background Image

Desde siempre ha habido cierta fascinación en las etnociencias por saber cómo es que los seres humanos seleccionamos las medicinas en el medio natural. Es decir:¿Cómo sabemos que tal o cual planta contiene un compuesto químico capaz de ejercer un efecto positivo en nuestra salud?

Existen muchas hipótesis que explican parcialmente el fenómeno. Entre estas destacan la doctrina de las firmas, la teoría humoral  y la hipótesis olfato-gustativa.

La doctrina de las firmas se basa en encontrar similitud morfólógica entre partes específicas de las plantas y algún órgano del cuerpo humano. Un buen ejemplo es la riñonina (Ipomoea pes-caprae). Las hojas de la planta asemejan, en cierto grado, la forma del riñón humano. Por ello, se emplea contra afecciones de los riñones. Curiosamente, los usos diuréticos y contra afecciones renales registrados por el célebre profesor Máximo Martínez, pionero de la economía botánica, siguen vigentes, pues ahora sabemos que la planta presenta actividades anti-inflamatorias y anti-espasmódicas.

La teoría humoral encuentra sus orígenes en la medicina Umami, imperante en el Mediterráneo desde los tiempos de la Antigua Grecia y hasta la Época Clásica Islámica. Ya desde Hipócrates se pensaba que el balance del cuerpo humano dependía de cuatro humores. Los humores gozaban de cualidades térmicas que podían ser afectadas por agentes antagónicos.

El ejemplo más común y cuyo origen humoral se refleja en el nombre de la enfermedad es el resfriado. Para combatir un resfriado es necesario tomar medicinas calientes como el ajo o la menta.

La teoría olfato-gustativa se basa en las capacidades sensoriales que los primates hemos desarrollado a lo largo de nuestra evolución. En un sinnúmero de sociedades humanas los medicamentos herbales son, en su mayoría, de sabor amargo y olor astringente. Esto sugiere la presencia de metabolitos secundarios. Es decir, una serie de compuestos que generalmente no cumplen un papel esencial en la supervivencia de las plantas, pero cuya presencia les da cierta competitividad al pelear por espacio, ahuyentar un depredador o atraer un polinizador.

La quinina, un metabolito que proviene de la cinchona, es el responsable del sabor amargo del agua quina. Se podría decir que la teoría olfato-gustativa jugó un papel estelar en la apertura geográfica del continente africano, pues las propiedades anti-malaria de la quinina permitieron a los británicos conquistar Africa mediante la ingesta de gin & tonic.

En mismo modo podemos afirmar, con total certeza, que aunque no cumplen un papel nutricional destacado, las especias, con todos sus compuestos amargos, son los medicamentos humanos por excelencia y quizá por esta razón los domesticamos.

Tanto la teoría humoral como la doctrina de las firmas resultan estériles para explicar las bases biológicas que dan pie a nuestra habilidad para detectar fármacos, pues ambas aproximaciones están fuertemente mediadas por la cultura. La hipótesis olfato-gustativa, aunque útil, es problemática cuando los organismos medicinales no son fácilmente accesibles. Tal es el caso de los organismos marinos, ya que su recolección, con el único propósito de olerlos o saborearlos, implicaría una inversión energética mayor, además de posibles daños físicos. Además, el gusto y el olfato nos aportan datos sensoriales secundarios, pero el verdadero sentido primate es la visión.

Aunque la medicina marina no es tan popular como la herbolaria, los humanos hemos hecho uso de fármacos marinos desde hace unos 5,000 años. Intentar oler o probar un organismo mientras que se está expuesto a la acción de la marea y el oleaje es una tarea difícil de lograr. ¿Pero, qué tal si antes de aventurarnos al mar -o a la espesura de la selva- podemos distinguir desde la distancia a los organismos medicinales?

Uno de los mecanismos que permitiría explicar el reconocimiento inmediato de organismos medicinales es el aposematismo. Es decir, la coloración conspicua que los organismos ricos en  defensas químicas usan como señal de advertencia para advertir a sus posibles depredadores. El aposematismo es un fenómeno bien documentado en la naturaleza y un rasgo generalizado en invertebrados, reptiles  y anfibios. Actualmente también se reconoce en plantas desérticas.

En el reciente artículo “Aposematism: An Alternative Hypothesis on How We Discover Medicinal Organisms”,  utilizo datos piloto, obtenidos a partir de la medicina tradicional seri, para sentar las bases de la hipótesis aposemática, ofreciendo una metodología simple y económica para desentrañar la relación entre coloración, toxicidad y propiedades terapéuticas.

La hipótesis es importante para entender la adaptación humana al medio ambiente. También para contribuir al entendimiento de la diversidad química del planeta. Al soportarse con investigaciones posteriores, esta hipótesis puede derivar en nuevas formas de entender el paisaje como una realidad cromática libre de ambigüedad. Las implicaciones también abren una ventana de aplicaciones industriales y comerciales que vincule colores de alto contraste con peligrosidad yo palatabilidad.

Texto por: Dr. Nemer E. Narchi, Centro de Estudios en Geografía Humana, El Colegio de Michoacán, A.C.

Fotografía: Ocean. Sergio Ramos


Galería

La cura está en el color: medicinas en la naturaleza

Ponemos a su disposición todos los archivos originales.
Para descargar las imágenes, favor de hacer clic en cada una de ellas.