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Instituto de Ecología

¿Cómo proteger las costas?

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Las costas de nuestro planeta son ambientes complejos donde interactúan intensamente procesos naturales y socioeconómicos. En las costas ocurren fenómenos naturales que pueden ser devastadores de forma continua y progresiva, como son el incremento en el nivel y acidificación del mar, o dramáticas e intermitentes, como los cambios súbitos asociados a la presencia de intensas tormentas. Estos eventos pueden afectar la salud y los bienes de una gran cantidad de personas, ya que en las zonas que están en la costa, a menos de 10m sobre el nivel del mar, habita el 10% de la población en menos del 1.8 % de las zonas terrestres del planeta. Esto representa alrededor de 700 millones de personas en 9 180 mil kilómetros cuadrados.

Así, la combinación de una gran cantidad de personas habitando en zonas con una alta probabilidad de ocurrencia de eventos potencialmente dañinos indica que la protección de las costas debe ser una prioridad global.

Uno de los problemas que se presentan a la hora de decidir las acciones necesarias para proteger las costas es justamente comprender lo que esto significa. Para unos, la protección de la costa quiere decir que se deben construir estructuras como escolleras y diques que localmente detienen la erosión y ayudan a proteger las propiedades. Para otros, la protección de la costa implica proteger a los ecosistemas naturales y permitir que funcionen naturalmente.

Evidentemente, las consecuencias de los diferentes tipos de acciones son muy contrastantes. Por ejemplo, la construcción de estructuras puede ayudar a resolver los problemas de la erosión, ya que estas disminuyen la fuerza del oleaje y en consecuencia retienen arena. El problema es esta arena captada se pierde en la zona que está corriente abajo y entonces la erosión solamente se traslada otra zona, pero el problema se mantiene. Esto es, la solución es parcial (Figura 1).

En contraste, la conservación de los ecosistemas costeros permite que las costas funcionen naturalmente, por lo que en su propio dinamismo, por ejemplo, van haciendo frente a los problemas de erosión. Adicionalmente se mantienen servicios ambientales como la belleza escénica, la recreación, la calidad del agua y la provisión de hábitats para la flora y fauna, entre otros. A pesar de los beneficios de esta opción, es importante reconocer que el funcionamiento natural de las costas requiere mucho tiempo y espacio, lo cual no siempre es compatible con los intereses de las decisiones a corto plazo.

Protegiendo a los ecosistemas costeros y las propiedades

En los últimos años los científicos han propuesto que las costas se pueden proteger por medio de los ecosistemas naturales. Esto es, se plantea que al proteger a los ecosistemas también estamos protegiendo la infraestructura y las propiedades. Poco a poco se está juntando evidencia que demuestra que esta idea es posible. Por ejemplo, en la costa de Puerto Morelos se construyó un arrecife artificial por medio de bloques de cemento que se depositaron a 120m de la costa. Cinco años después, se había mitigado el problema de erosión de la costa y además ya se observaba la formación de un arrecife artificial que incluía la presencia de peces (Figura 2).

Otra evidencia del efecto protector de los ecosistemas costeros se obtuvo a partir de experimentos en un laboratorio. Aquí se construyeron unas dunas artificiales y se cubrieron con plantas de playa. Después se simularon tormentas y se observó lo que pasaba con la playa. Resultó interesante constatar que la erosión fue mucho menor cuando había plantas en comparación con los experimentos sin plantas (Figura 3).

El papel protector de las dunas con vegetación también fue corroborado cuando la supertormenta Sandy golpeó las costas de Nueva Jersey en Estados Unidos. Aquí, las casas que estaban ubicadas detrás de las dunas permanecieron intactas, mientras que las que no tenían dunas en las playas, fueron totalmente destruidas.

Por último, también se ha explorado el impacto económico de los huracanes que han afectado Norteamérica durante los últimos 100 años, explorando por medio de mapas la relación con la presencia de vegetación. El análisis reveló que los daños son mucho menores cuando las ciudades se encuentran ubicadas detrás de ecosistemas costeros como los humedales.

En conclusión, la evidencia científica que se ha ido acumulando indica que la presencia de ecosistemas naturales ayuda a proteger las vidas humanas, la infraestructura y las propiedades de la costa. Entonces, conforme se vaya demostrando que esta es una manera efectiva de proteger a la población, podremos tener ecosistemas naturales y ciudades, coexistiendo en las complejas costas. El reto es encontrar la manera en que esto ocurra de la mejor manera posible y que no sea una evaluación meramente económica o política la que dicte la manera de utilizar los recursos naturales de la sociedad.

Ma. Luisa Martínez (Red de Ecología Funcional, Instituto de Ecología, A.C.) y Rodolfo Silva (Instituto de Ingeniería, UNAM)
Instituto de Ecología
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