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Hace 192 años, para ser más precisos, el día 22 de julio de 1824, se abrió, en el Congreso Constituyente, la discusión sobre el proyecto presentado por la Comisión especial encargada para la designación de la sede de los poderes federales. Horas de discusiones, de lecturas, de propuestas, de discursos, llevaron a analizar la conveniencia o no de que la ciudad de México fuera la sede de los poderes.

Durante las discusiones se destacaron dos grupos los que pedían que la sede fuera establecida en Querétaro y los que proponían que por su historia, su desarrollo económico, social, cultural y religioso se mantuviera en la ciudad de México. En la opinión del diputado González Caraalmuro la ciudad de México era la más indicada pues era “el centro, el sol [donde] giran en su contorno con discorde armonía todos los planetas” Cuaderno, 1992, p. 32.

Las ideas federales, que promovían los constituyentes, se fundamentaban en que la capital o sede de los poderes federales no podía quedar bajo la dependencia de ningún estado de la federación y por otra parte debía de tener un territorio exclusivo cuyo control dependiera del gobierno federal. El 18 de noviembre de 1824, se emitió un decreto donde se señalaba que la ciudad de México era la sede de los poderes federales con un área jurisdiccional de forma circular cuya extensión sería de dos leguas de radio, denominada Distrito Federal.

Esta superficie comprendía: varias ciudades, villas, pueblos, barrios, haciendas, ranchos y molinos que pertenecían al Estado de México. Eran territorios cuyas formas de gobierno eran los Ayuntamientos cuyas atribuciones de administración habían sido definidas en la Instrucción para el gobierno de los ayuntamientos emitida en 1813; por su parte, el gobierno del territorio del Distrito quedó en manos de un gobernador cuyas atribuciones correspondían a las del jefe político señaladas también en la mencionada Instrucción.

Desde 1824 el Distrito se presentó como una entidad sui generis, compleja, donde convivieron dos formas de gobierno: el local representado por los ayuntamientos y el nacional por el gobierno del Distrito Federal. La interrelación de estas dos formas de administración no sería nada fácil. La interpolación y la indefinición de actividades y de funciones entre sus órganos de gobierno, llevó a que la existencia del Distrito Federal estuviera ligada a las diversas variaciones políticas que fueron reflejos de las oligarquías que controlaban el poder.

Desapareció durante los gobiernos centralistas, en 1854 amplió sus límites; en 1857 la nueva Constitución condicionó su existencia a la permanencia de la sede de los poderes, en 1928 se convirtió en un Departamento; en 1970 se decretó llamarlo indistintamente Ciudad de México o Distrito Federal. En este año le decimos “adiós al DF” y le damos la “bienvenida a la CDMEX”, cuyas funciones y actividades quedarán señaladas en su propia Constitución.

 

Texto por: Dra. Regina Hernández Franyuti, investigadora del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores es doctora en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea, España, y maestra en Historia del Arte por la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Sus primeros estudios se centraron en el análisis de la historia del arte novohispano, posteriormente sus investigaciones se han centrado en la historia urbana de la ciudad de México y en la historia político-administrativa del Distrito Federal.


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