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Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica

Regenerando los bosques: Árboles de encino en San Luis Potosí

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México es un país megadiverso que contiene la décima parte de la biodiversidad mundial. Es el centro de diversificación de cultivos importantes como el chile, el nopal y el maíz, albergando selvas tropicales, y ecosistemas costeros ricos en especies. Sin embargo, es menos conocido que en nuestro país también crece una de cada tres especies de encinos conocidas mundialmente. Se estima que México cuenta con 161 especies de encino, los cuales pertenecen al género Quercus, de las cuales 109 son endémicas y no se encuentran en ningún otro país.

Para el ser humano, los encinos proveen una gran diversidad de productos que ha sido aprovechada desde épocas prehispánicas, como lo atestigua el códice Cruz-Badiano. Actualmente ocupan el segundo lugar de aprovechamiento maderable, siendo procesados como celulosa, escuadría, leña o carbón. Además, más de 50 especies de encinos son utilizados como medicinas naturales o alimentos en comunidades indígenas, materia prima para artesanías, forraje, colorantes y curtientes. Tan solo como alimento, se reportan hasta diez diferentes formas de consumir los encinos, variando desde harina de bellotas para elaborar café o tortillas hasta flores capeadas.

Sin embargo, los productos forestales no son el mayor beneficio para el ser humano que brindan los bosques de encinos. Más bien lo son los múltiples servicios ecosistémicos que nos proporcionan. Su extensa red de raíces retiene el suelo, previniendo la erosión y los deslaves en zonas montañosas. Su hojarasca se descompone y se convierte en humus, fertilizando naturalmente el suelo y manteniendo la humedad por más tiempo. La complejidad estructural de los bosques y la elevada producción de bellotas representan hábitat y alimento para un sinfín de animales y plantas.

En muchas zonas del país, el suministro de agua para los asentamientos humanos depende directamente de la recarga de acuíferos que ocurre en estos bosques. Finalmente, destaca también la importancia cultural de los encinos. Pocos bosques estimulan tanto a la imaginación como los encinares. La arquitectura majestuosa de estos árboles centenarios, cubiertos por heno y otras plantas epífitas, representa el escenario de numerosos ceremonias, cuentos y películas de fantasía.

A pesar de su importancia biológica, económica y cultural, durante los últimos 500 años México ha perdido más de la mitad de la extensión original de estos bosques de encinos. La explotación de los bosques y la deforestación redujeron su cobertura dramáticamente hasta un 4.2-5.5% de la superficie del país. Esta tendencia es extremadamente preocupante. Debido al lento crecimiento de los encinos, una deforestación de encinares realizada en pocos días toma más de cien años para recuperar. Los encinares crecen principalmente en zonas montañosas con suelos muy someros que, al ser privados de su cobertura forestal, se erosionan y lixivian rápidamente, lo que imposibilita una recuperación forestal rápida. La mayoría de los bosques de encino requieren también de condiciones muy particulares para su regeneración.

Las bellotas suelo no germinar debajo del dosel de su árbol madre, por lo depende de la fauna local que las moviliza y las almacena en el suelo como reserva alimenticia para sobrevivir el invierno. La localización de muchos de ellos es luego olvidada y solamente aquellas bellotas resguardadas en lugares con las adecuadas condiciones microambientales logran germinar y dar lugar a nuevos individuos. Sin embargo, al haber cada vez menos bosques saludables, este proceso se ve severamente afectado por la pérdida de fauna.

Hoy en día, suenan voces de alarma al no encontrarse suficientes individuos juveniles en los bosques para garantizar su subsistencia a largo plazo. Paradójicamente, pese a su elevada importancia ecológica, los encinos son un grupo subestudiado y poco se sabe sobre su ecología de la regeneración. El desconocimiento es tal, que ni siquiera existe certeza sobre la distribución de estas especies en México.

En la División de Ciencias Ambientales del IPICYT, un grupo de investigadores nos dedicamos a estudiar los encinares del estado de San Luis Potosí para contestar preguntas relacionadas con su conservación y restauración en paisajes modificados por el hombre. Investigamos la regeneración de los bosques y evaluamos diversos métodos de restauración para áreas deforestadas y o degradados. Ponemos a prueba diversos mecanismos que favorezcan la germinación de bellotas y el establecimiento de las plántulas, y estudiamos el papel que juega la fauna como dispersora de estas especies en paisajes modificados. Otros experimentos evalúan el impacto que tendrá el cambio climático sobre el reclutamiento de los encinos.

No obstante, dado que la mayoría de estos bosques constituyen ecosistemas culturales afectados por actividades humanos, cualquier estrategia que no contemple a las personas – desde campesino hasta dependencia gubernamental – como parte del sistema a restaurar o conservar está destinada al fracaso. En este sentido, la ciencia y la política de la conservación enfrentamos el fascinante reto de proponer mecanismos que beneficien simultáneamente a la diversidad natural y el bienestar de las personas que habitan los bosques de encino.

Texto:
David Douterlungne
Ecólogos que estudian los bosques de encino en el IPICYT:
Ernesto Badano (Distribución y dinámicas de reclutamiento de encinos)
Felipe Barragán (Interacciones biológicas de los encinos con la fauna)
David Douterlungne (Restauración ecológica de bosques de encinos)


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