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El Colegio de la Frontera Norte

Los espacios públicos abiertos son un necesidad ciudadana

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En el imaginario de muchos mexicanos, los parques, jardines, plazas y otros espacios públicos abiertos (EPA) son un elemento fundamental de la forma y el funcionamiento de las ciudades.

Desafortunadamente, debido a la violencia que ha afectado a muchas ciudades del norte de México, los espacios públicos han adquirido mayor relevancia por su potencial para la promoción de un sentido colectivo de lugar, la cohesión social, y la creación de capital social (SEDATU, 2013).

Los EPA suelen ser percibidos por muchos mexicanos como espacios de riesgo porque varían en ubicación, equipamiento, mantenimiento, diseño y porque es común que en ellos se registren actividades antisociales o criminales (SEDATU, 2013; SEDESOL, 2010).

El sentido de peligro e incomodidad, suelen estar relacionados con la presencia de grafiti, basura, equipo en mal estado, falta de iluminación y personas involucradas en actividades consideradas riesgosas para ciertos grupos de la población como niños y mujeres sobre todo (Byrne y Wolch, 2009; Pasaogullari y Doratli, 2004).

Otro tema que tiene que ver con los EPA, está relacionado a la creciente preocupación por la epidemia de obesidad y otros problemas de salud derivados del sedentarismo, lo cual ha aumentado el interés en México en los parques y otras áreas verdes urbanas (SEDESOL, 2010).

La disponibilidad de espacios naturales también ha sido correlacionada con la salud mental y el bienestar psico-social porque las áreas verdes crean oportunidades para la interacción social y funcionan como “tranquilizantes naturales”, particularmente entre grupos vulnerables de la población (Estabrooks, Lee y Gyuresik, 2003; Maas et al., 2006).

Las áreas verdes dentro de las ciudades absorben y reflejan el ruido, retienen el suelo y facilitan la recarga de acuíferos (Bolund y Hunhammar, 1999; Sherer, 2006). Como resultado de todos estos servicios ecológicos, las áreas verdes urbanas son cada vez más relevantes dentro de las estrategias locales de mitigación y adaptación al cambio climático.

Los EPA no están igualmente distribuidos entre grupos socio-económicos y que las discapacidades en la provisión de este recurso urbano afectan más a ciertas personas según su género, edad, discapacidad, raza y etnicidad (Abercrombie et al., 2008; Bruton y Floyd, 2014; Cutts et al., 2009; Wen et al., 2013).

La desigualdad en la distribución de este recurso afecta principalmente a los ciudadanos más pobres que residen en zonas donde los EPA son inexistentes o insuficientes, los grupos urbanos más necesitados son también los que menos acceso tienen a los beneficios de los EPA (Wen et al, 2013).

Un problema común de los espacios públicos es la apropiación de un lugar por un solo grupo social o su diseño mono-funcional en detrimento de otros usuarios y de otras preferencias de uso. Estudios recientes en diferentes regiones y contextos abogan por la necesidad de una gestión y un diseño incluyente de los espacios públicos que responda a la diversidad de la población y a los cambios constantes de la sociedad (Baylina, Prats y Ortiz, 2005; Lara-Valencia y García-Pérez, 2013; Segovia y Neira, 2005).

Con base en estos estudios, ahora podemos entender el hecho de que miles de personas (entre ellos niños) se inclinen por el uso de las tecnologías para socializar y pasar el tiempo, que por espacios al aire libre; Esta necesidad se tiene que convertir en un hecho.

Esta información es rescatada del artículo “Equidad en la provisión de espacios públicos abiertos: accesibilidad, percepción y uso entre mujeres de Hermosillo, Sonora” de la Dra. Hilda García Pérez de El Colegio de la Frontera Norte (El Colef) y el Dr. Francisco Lara Valencia.


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