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Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial

Mirar al sur: México y su frontera con Guatemala

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Por: Beatriz Zepeda

En el imaginario nacional, “la frontera” ha sido tradicionalmente sinónimo de los linderos de México con Estados Unidos. Se trata de un vocablo que evoca un río (el Bravo), un desierto (el de Sonora), migrantes mexicanos en busca de oportunidades y, más recientemente, un muro que se erige amenazante en el discurso político cotidiano.

La gran dimensión de nuestro vecino del norte, la intensidad de la relación bilateral y las repercusiones para todo el país de lo que ocurre en esa parte de la geografía mexicana ayudan a explicar –sin justificarla- la reducción de todas las fronteras de México a esa frontera particular. Sin embargo, esta fijación con el norte hace tiempo nos pasa factura como país, pues nos ha impedido comprender y atender las múltiples dimensiones de nuestras relaciones con Guatemala, muchas de las cuales ahora unen nuestra frontera norte y nuestra frontera sur de manera indisoluble y requieren que, por fin, miremos atentamente al sur.

La frontera entre México y Guatemala se extiende a lo largo de 963 kilómetros. De éstos, 574 son terrestres y 389 están marcados por los ríos Suchiate y Usumacinta. Chiapas, Tabasco y Campeche son los estados mexicanos que colindan con los departamentos guatemaltecos de San Marcos, Huehuetenango, Quiché y Petén y, en conjunto con éstos, conforman la región fronteriza México-Guatemala.

Por su misma extensión, esta región exhibe una gran diversidad geográfica, demográfica y, más importante aún, de procesos sociales que atraviesan la línea divisoria entre los dos países. Por una parte, la sección más occidental, aquélla en la que se ubican el Soconusco del lado mexicano y el departamento de San Marcos, del lado guatemalteco, se caracteriza por la fuerte integración que existe entre las sociedades y economías de ambos lados de la frontera y que es producto de vínculos históricos de larga data. El río Suchiate que atraviesa esta zona, lejos de ser una frontera que separa, representa un medio de comunicación y transporte para personas y mercancías en su constante ir y venir transfronterizo. La frecuencia y la facilidad con las que desde siempre la población fronteriza en esa parte de Guatemala ha cruzado la frontera, aunada a la dificultad –o al desinterés– de ejercer un verdadero control por parte de cualquiera de los dos Estados, ha generado un significativo mercado informal, que hoy por hoy se constituye en el corazón de la economía local. De igual manera, el constante paso de habitantes de un lado y otro de la frontera por cruces irregulares para realizar sus actividades diarias, ha dado lugar a un corredor ahora muy socorrido por personas centroamericanas en tránsito hacia Estados Unidos.

Por otra parte, y sólo por hablar del otro extremo, la zona fronteriza conformada por los estados de Chiapas, Tabasco y Campeche, del lado mexicano, y el departamento de Petén, del lado guatemalteco, se distingue por su geografía selvática, la baja densidad de población y una escasa presencia de las instituciones estatales. Estos factores han hecho de esta zona un territorio en disputa, que actualmente reclaman actores del crimen organizado en ambos lados de la línea divisoria. Madera ilegal, especímenes de flora y fauna silvestre, piezas arqueológicas, drogas y personas son mercancías que, cada vez con mayor despliegue de violencia, traficantes de ambos países pasan de un lado al otro de la frontera en su camino al norte.

Mirar al sur significa, no obstante, trascender la visión de la frontera México-Guatemala como una frontera problemática. Implica entender la región en su complejidad y sus matices; comprender su enorme diversidad y aprovechar su potencial. Mirar atentamente al sur obliga al Estado mexicano a hacerse presente con programas de desarrollo y políticas públicas diseñadas a partir de las distintas realidades locales que se despliegan en la frontera; requiere que se entiendan las múltiples dinámicas transfronterizas y la forma en que éstas son funcionales a las poblaciones de frontera y no sólo a los delincuentes. Mirar al sur supone, finalmente, que México deje de concebirse como el vecino sureño de Estados Unidos y asuma su responsabilidad como vecino de Guatemala.

Beatriz Zepeda es doctora en etnicidad y nacionalismo por la London School of Economics and Political Science y profesora-investigadora de CentroGeo, Ciudad de México. Fue directora de Flacso-Guatemala y es coautora del libro Guatemala: fronteras y mercados ilegales en la era de la globalización (Guatemala: Flacso-Guatemala, Flacso-Ecuador, IDRC, 2018).


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