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Centro de Investigación y Docencia Económicas

¿Funciona el impuesto a las bebidas azucaradas?

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A partir de Enero del 2014 el consumidor mexicano paga un impuesto de 1 peso por litro en la compra de bebidas azucaradas. Entre otros, el impuesto afecta a refrescos, jugos de fruta, jarabes, esencias o extractos con azúcar añadida. La medida tiene por objetivo combatir el grave problema de la obesidad en nuestro país, donde cerca del 70% de los adultos y 30% de los niños padecen de sobrepeso u obesidad. Esta cifra nos coloca en el segundo lugar de la liga de países con mayor índices de obesidad para el caso de adultos (sólo detrás de los Estados Unidos) y en el sexto lugar para el caso de niños (detrás de Grecia, Italia, Nueva Zelanda, Eslovenia y Estados Unidos). La obesidad y el sobrepeso son uno de los principales factores de riesgo asociados a la diabetes y en México cerca del 26% de los mexicanos entre 60 y 69 años de edad sufren diabetes. Esto es, un poco más de uno de cada 4 desarrollan la enfermedad antes de cumplir 70. Una de cada cuatro muertes están asociadas a la diabetes.

Hoy por hoy la evidencia a nivel internacional (y cada día se tiene más y mejor información) muestra que el consumo de bebidas azucaradas, incluyendo jugos naturales y lácteos con azúcar añadida, están asociadas con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Aquí México también es campeón. Tomando el ejemplo de los refrescos, México consume 137 litros por persona al año mientras que Francia consume 37 litros por persona. Por está razón, en Enero del 2014 se introdujo en México el impuesto a las bebidas azucaradas. La medida se complementó con un impuesto del 8% del precio final de los alimentos con alto contenido calórico, o comida chatarra, incluyendo entre otros botanas, chocolates, helados y dulce de leche.

Desde su inicio el impuesto ha causado gran polémica. Hay quienes apoyan la medida como un paso importante en la lucha contra la epidemia de obesidad, mientras otros piensan que el impuesto no logrará reducir significativamente el consumo de calorías y por tanto no tendrá efecto alguno sobre la obesidad y/o la diabetes. Otros más acusan al gobierno de cómodamente crear un impuesto que es efectivo para recaudar pero que no tiene ningún efecto en la salud. O que el impuesto castiga a los más pobres.

Tan difícil es la discusión y poderosos los intereses involucrados que la semana pasada se estuvo a punto de dar marcha atrás. La cámara de diputados aprobó una reducción en el impuesto de 1 peso a 50 centavos por litro para las bebidas con un máximo de 5 gramos de azúcar por 100 mililitros, pero el dictamen no fue aprobado en el senado y el impuesto en 2016 se quedó como está, en un peso por litro para todas las bebidas azucaradas.

El argumento que se manejó en la cámara de diputados es que es necesario inducir al consumidor a sustituir bebidas de alto nivel calórico por bebidas de menor nivel calórico, y la reducción del impuesto que se proponía pretendía inducir ese cambio. El argumento no progreso al final, probablemente porque el mejor sustituto del refresco y los jugos azucarados desde un punto de vista de salud es sin duda el agua simple.

¿Funciona el impuesto? La evidencia que tenemos hasta hoy nos dice que la introducción del impuesto redujo el consumo de refrescos entre el 6% y el 12% en 2014. Al mismo tiempo el consumo de agua embotellada aumento el 4%. Dada esta evidencia, la respuesta es: sí, el impuesto parece estar funcionando. Al menos está reduciendo el consumo de refrescos y bebidas azucaradas. No es claro aún si está reducción en el consumo de refresco y bebidas azucaradas se traduce en una ingesta menor de calorías suficiente y prolongada en el tiempo para que de verdad contribuya a la disminución de peso de muchos mexicanos. Tampoco está claro si la disminución en el consumo se centro entre los que niños o los adultos, o entre los que consumían mucho o poco refresco. Es posible que existan importantes diferencias del efecto entre distintos grupos de personas. También es posible que las personas que dejaron de consumir bebidas azucaradas (refresco) hayan incrementado su consumo de otras bebidas y/o alimentos y que al final no se tenga menor consumo de calorías.

¿El impuesto va a reducir la obesidad en México? Eso no lo sabemos. La polémica va continuar y hasta hoy la discusión se ha basado en datos que son insuficientes para responder las preguntas de fondo. El problema es que solamente tenemos datos que nos dicen qué pasa con las personas en un solo punto en el tiempo, pero no tenemos información para estudiar en detalle la dinámica del comportamiento individual. Para responder las preguntas de fondo sobre la obesidad y el impuesto a las bebidas azucaradas hace falta seguir por unos 10 años a una muestra representativa niños y adultos mexicanos y ver como evoluciona su salud y consumo de bebidas azucaradas a través del tiempo. A excepción de un par de casos importantes, este tipo de encuestas longitudinales no existen en México y por lo tanto no podemos responder muchas preguntas relevantes de política pública.

Texto por: Alfonso Miranda, Profesor-investigador de la División de Economía del CIDE.


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