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Especialistas y teóricos buscan el concepto adecuado con el que nombrar o calificar a nuestra sociedad que está siendo impactada y transformada por las “nuevas” tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) a una velocidad, profundidad y densidad nunca antes vista en la historia de la humanidad.

“Atreverse a hablar de novedades es arriesgarse a que la próxima semana ya sean anticuadas”. Nuevas tecnologías de la información y la comunicación ha habido desde que el ser humano comenzó a comunicarse y crear cultura, sin embargo, el origen de este desconcierto conceptual y de la complejidad que hace que estos tiempos sean difíciles de etiquetar, apareció especialmente tras la II Guerra Mundial.

Cuando en la década de 1950, distintos autores especularon sobre los fundamentos que tendría la sociedad occidental que se encaminaba al siglo XXI. Aquel segundo milenio que durante décadas simbolizó para varias generaciones un horizonte de “mejora” para la humanidad y los problemas mundiales, y en el cual ya hace rato que nos hallamos.

Por ejemplo, el francés Jacques Ellul publicaba en 1954 “La Technique ou l’enjeu du siècle” [La técnica o el desafío del siglo, traducida al inglés como The Technological society (Ellul, 1964)] donde se mostraba crítico y escéptico con el rumbo que estaba tomando la tecnificación de todos los órdenes de la sociedad.

La definición de la sociedad o de la era en la que nos adentramos en el siglo XXI no ha acabado de hacerse con una definición o una etiqueta unánime. A pesar de que cuando se hablaba de Sociedad Tecnológica, Era de la Información, Era Electrónica, trabajador del conocimiento o Aldea global, en cierto modo ya se anunciaba el mundo del internet y de la sociedad red, de los Ipad y los Smartphone, de los flujos de capital financieros y de los algoritmos y computadoras que deciden “autónomamente” dónde invertir en el mercado bursátil.

Desde una perspectiva teórica de explicación más general y profunda, para Castells el principio rector del presente orden mundial, lo jugaría el paradigma del “informacionalismo-comunicacionalismo electrónico”, que lo mismo incide sobre el territorio y lo local, como fluye electrónicamente en forma de capital inversor “extranjero” entre ciudades globales.

Lo mismo se plasma en el trazado urbano como en el tendido de cable de fibra óptica de una ciudad cualquiera, se interconecta por señales sin cable (wireless) vía tecnología satelital al interior de un mismo barrio o complejo residencial que entre las orillas opuestas de un continente, se impulsa la venta de libros con Amazon como castiga la economía de países [a generaciones] con fondos especuladores.

Al final, este nuevo fenómeno humano acaba modelando a las instituciones políticas, económicas, educativas o culturales con los gigantescos e instantáneos flujos de información y es que finalmente ya estamos en una aldea global, interconectados por un sistema nervioso electrónico y las nuevas TIC’s como instrumentos que son, lo mismo sirven para explotar al ser humano como para defenderlo y emanciparse.

La sociedad red, dimensión económica incluida, está condenada inevitablemente a manejar con mayor o menor eficacia los flujos de información [simbolismo y hechos] y las prácticas culturales [valores y creencias, cosmovisiones y actitudes, que modelan las prácticas y comportamientos] de los distintos actores e instituciones de la sociedad.

Información proporcionada por el Dr. Guillermo Alonso Meneses en su artículo: “El impacto del concepto de cultura en las «nuevas tecnologías» [TIC’s] y viceversa.”


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El poder de las TIC’s

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