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Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco

¿Cómo han evolucionado los métodos para diagnosticar tuberculosis latente?

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La tuberculosis (TB) es una infección bacteriana que la mayoría de las veces afecta los pulmones y es producida por miembros del complejo Mycobacterium tuberculosis (Mtb). Para una persona que entra en contacto con estas bacterias, puede ocurrir alguno de estos escenarios: (i) vía el sistema de defensas (inmune) innato, se elimina al patógeno (ocurre en el 90% de los casos), (ii) se impide la multiplicación de las bacterias, que, si bien no se eliminan, tampoco causan enfermedad, llamada TB latente, y (iii) la enfermedad activa, donde las personas afectadas están claramente enfermas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 2 mil millones de personas están latentemente infectadas con TB.

Diagnosticar la TB activa es relativamente simple, dado que los pacientes sufren tos, pérdida de peso, fiebre y pueden infectar a otras personas, por que las bacterias se pueden encontrar en una mezcla de saliva y mucosidad que se expulsa con la tos (esputo). Por el contrario, la TB latente permanece oculta e inadvertida hasta que alguna condición que afecta las defensas de la persona infectada, permite que las bacterias prosigan la infección, y continúen propagándose a nuevas personas. Por lo tanto, científicos de todo el mundo, incluyendo nuestro país, han desarrollado una serie de estrategias para tratar de detectar la TB en personas aparentemente saludables.

Una de las pruebas más utilizadas para asumir que existe un caso de TB latente es la Prueba intradérmica de Tuberculina. Esta se realiza mediante la aplicación, en el antebrazo de una persona quizá infectada, de una mezcla compleja de proteínas, llamada Derivado Proteico Purificado (PPD, por sus siglas en inglés), que puede resultar, o no, en una reacción inflamatoria localizada, de tamaño variable, y que merced a la frecuencia de contacto (o no) con personas enfermas con TB, se interpreta diferente para considerar una reacción positiva. El principal inconveniente de esta prueba es el hecho de que la composición del PPD es muy similar a la de la vacuna utilizada para prevenir la tuberculosis diseminada en niños (Mycobacterium bovis BCG), así como con otras micobacterias que viven en el medio ambiente y que no causan enfermedad.
Debido a esto, algunas estrategias tomaron en cuenta las diferencias entre los componentes (antígenos) presentes en bacterias capaces de producir enfermedades y la vacuna, y usan sólo aquéllos ausentes en la última. Para esto, se toma una muestra de sangre del paciente y se mezcla con estos antígenos en el laboratorio, y se mide un componente de defensa específico (interferón gama, por lo tanto, estos ensayos se conocen como de liberación de interferón gama -IGRAs- por sus siglas en inglés), de modo que la reacción inflamatoria se produce fuera del cuerpo, lo que reduce las molestias al paciente de comezón e inflamación en antebrazo. A medida que continúa la investigación, el número y la identidad de los antígenos ha variado, de modo que los médicos puedan estar más confiados de los resultados. Tanto la prueba que usa PPD como los ensayos IGRA son relativamente simples de realizar y no necesitan equipos altamente sofisticados para llevarse a cabo e interpretarse.

Otro método basado en muestras de sangre, donde las células presentes en la misma se separan del líquido proteico (suero), utiliza éste como fuente de pequeñas moléculas de defensa (anticuerpos) capaces de detectar antígenos presentes en los patógenos. Los anticuerpos se reconocen por medio de otro anticuerpo modificado, que permite su detección por la producción de color, emisión de luz o de fluorescencia, en ensayos conocidos como pruebas de flujo lateral (como los utilizados para las pruebas de embarazo), Western blot, o ELISA. Estas pruebas también requieren equipos moderadamente sofisticados y personal capacitado, con la excepción de los ensayos de flujo lateral. Una variante adicional, recientemente desarrollada mediante la colaboración entre un Centro Público CONACYT y una empresa privada, se basa en la producción de agregados por células sanguíneas (eritrocitos) en una reacción llamada hemaglutinación. Una prueba como esta, similar a las empleadas para determinar el tipo sanguíneo, es sencilla de realizar e interpretar en casos fuertemente positivos. Desde luego, cuando la reacción presenta un matiz de intensidad menor, se requiere de personal médico o clínico calificado.

Pese a estos avances, los ensayos anteriores todavía pueden generar resultados falsos positivos o falsos negativos, de tal manera que una estrategia adicional aprovecha la capacidad actual para separar, etiquetar e identificar células individuales (o incluso componentes minúsculos de su interior, como los ácidos nucleicos -ADN o ARN-) a partir de una muestra de sangre, donde se ha propuesto que las células de nuestro sistema de defensa sirven como marcadores o indicadores del estado de la infección, en otras palabras, la proporción y tipo de células de defensa y/o sus derivados presentes en TB activa, serán diferentes de aquéllas presentes en la TB latente. Los ensayos de este tipo requieren equipos altamente sofisticados y personal altamente capacitado.

Finalmente, la fuente para obtener los antígenos micobacterianos depende de cultivos en el laboratorio. A veces, tales antígenos se obtuvieron por medio de imitar alguna(s) de las condiciones encontradas durante la enfermedad activa, y en algunos otros casos, tratando de simular las condiciones que probablemente se encontraron durante la TB latente, como acceso limitado a oxígeno o a nutrientes. Recientemente, se desarrolló un ensayo independiente de cultivo, que permite la búsqueda simultánea, en todo el conjunto probable de proteínas antigénicas, de aquellas que sean reconocidas por anticuerpos de diferentes pacientes. Por lo tanto, de este modo, se abarcarían teóricamente, todos los antígenos que Mycobacterium tuberculosis podría usar en diferentes fases de infección, de tal manera que la discriminación del estado de TB sería más factible. De hecho, un ensayo como este sirvió para detectar TB dependiente de la ubicación geográfica de los pacientes (Sudáfrica o Estados Unidos) y/o la co-infección o no con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Parece factible que esta tecnología también se pueda aplicar para estudiar casos de tuberculosis latente y ver si se puede desarrollar a partir de ella, una prueba altamente específica.

En resumen, el diagnóstico de TB latente ha evolucionado, y es de esperar que, a corto plazo, se encuentre un método no invasivo y altamente sensible para mejorar la detección y tratamiento de aquellas personas que desconocen estar infectadas.


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