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Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica

Investigación vulcanológica en México y Centroamérica

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La vulcanología es la rama de la geología que estudia los volcanes, desde su origen magmático, ascenso, extrusión y los productos que genera, así como los efectos al ambiente y peligros asociados. Tiene diversas vertientes, una de ellas es la vulcanología física, la cual se encarga del estudio de los productos de erupciones volcánicas, efusivas o explosivas, desde el punto de vista físico; o sea, de sus características geológicas, sedimentológicas y petrográficas, una vez que ocurrió la erupción, para con ello, determinar los procesos que las originaron en el pasado geológico.

En la División de Geociencias Aplicadas del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, A.C (IPICYT), se trabaja actualmente en diversos proyectos relacionados con la vulcanología y la petrología ígnea, además de otras áreas de las Geociencias. Los volcanes, no solo representan una amenaza o paisaje geológico atractivo, sino también ofrecen oportunidades. México es privilegiado en cuanto al potencial geotérmico a partir de antiguos complejos volcánicos. Es por ello que en conjunto con la iniciativa CeMIEGeo (Centro Mexicano de Innovación en Energía Geotérmica), impulsada por la Secretaría de Energía y el CONACYT, se han logrado desarrollar múltiples estudios a través del país enfocados en la geotermia. Uno de ellos (Proyecto P05) tiene que ver con la continua exploración, vulcanología y estratigrafía de la caldera de Los Humeros, entre Puebla y Veracruz, campo geotérmico con una capacidad de producción instalada de 50 MW, a través del aprovechamiento del recurso geotermal (vapor caliente del subsuelo).

Dentro de este trabajo se ha logrado establecer, entre otros objetivos, una geocronología de alta resolución U/Th y Ar/Ar, acompañada de nuevos descubrimientos en la actividad reciente del volcán-caldera, encontrando erupciones explosivas tan recientes de hasta 6,500 años atrás (muy joven en escala geológica), y actividad de carácter efusivo (no explosivo) de hasta 3,000 años. Con estos nuevos estudios, se ha definido una dinámica volcánica joven para la caldera que, si bien le agrega un potencial mayor al futuro del yacimiento, también la re-cataloga como un volcán activo, en etapa durmiente (actividad volcánica menor a los 10,000 años, de acuerdo al Programa de Vulcanismo Global del Smithsoniano). De igual manera, se ha identificado en base a depósitos antiguos, un comportamiento inusual en la actividad volcánica de la caldera en su pasado geológico reciente. Esto es, actividad volcánica bimodal (extrusión de magmas con distintas composiciones químicas), pero de manera simultánea a través de numerosas bocas o ventilas eruptivas en la cima de la caldera. Esto nos habla de la coexistencia de magmas de composición contrastante en el mismo reservorio o de erupciones que varían en composición a través del tiempo, debido a heterogeneidad de cámaras y conductos magmáticos (Dávila-Harris y Carrasco-Núñez, 2014).

En el ámbito internacional, el grupo de vulcanólogos y petrólogos del IPICYT en conjunto con investigadores de otras instituciones, como la UNAM, dentro de un proyecto liderado por el Dr. Gerardo J. Aguirre Díaz y en colaboración con el Dr. Pablo Dávila Harris, del IPICYT, trabajan en los productos de la actividad explosiva de la caldera de Ilopango, en América Central, y los efectos que las erupciones de ese volcán pudieron haber tenido en el sur de México y a nivel global. La caldera de Ilopango se encuentra en El Salvador, a pocos kilómetros de la ciudad capital, San Salvador, y consiste de un gran cráter-lago de casi 11 kilómetros de diámetro, con profundidades de hasta 300 m. La caldera es parte de una extensa cadena de volcanes que conforman el Arco Volcánico de América Central, que abarca desde Guatemala, pasando por El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, en su mayoría rodeados por zonas de alta densidad poblacional.

La última actividad de la caldera de Ilopango se tiene registrada a mediados del siglo diecinueve, y originó las “Islas Quemadas”, pequeños domos dacíticos que emergieron de las profundidades del lago, quedando hoy solo remanentes erosionados. Previo a esto, aproximadamente de los años 430 al 535 a.C. (Dull et al, 2010), se tiene el registro de una gran erupción explosiva que generó enormes flujos piroclásticos (flujos calientes de ceniza, rocas y pómez) a través del paisaje tropical, lo cual es posible haya generado un éxodo de población hacia otras latitudes, incluido el sur de México. Esta hipótesis no ha sido del todo comprobada, y las edades de la erupción, conocida como la Tierra Blanca Joven (TBJ) siguen siendo materia de debate. En el proyecto actual, financiado por el programa de Investigación Científica Básica del CONACYT y con apoyo del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales de El Salvador (MARN), se está desarrollando trabajo estratigráfico y vulcanológico exhaustivo, para mejorar las edades radiométricas del mayor número posible de erupciones de Ilopango. Con esto se perfeccionará la historia eruptiva de esta gran caldera activa, para entender su comportamiento en el pasado y sus efectos globales.

La vulcanología es una disciplina con un gran potencial en la exploración de nuevas metodologías, y abierta a adoptar ideas científicas innovadoras que permitirán establecer con certeza el mejor conocimiento del fenómeno volcánico, tanto en beneficio de las ciencias de la Tierra, como de su principal objetivo, que es el de poder algún día predecir las erupciones volcánicas.

Dr. Pablo Dávila Harris – Investigador Titular A y Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1. Adscrito la DGA-IPICYT correo-e: pablo.davila@ipicyt.edu.mx


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