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Por: Arturo Sánchez-Paz, Fernando Mendoza-Cano y Trinidad Encinas-García (Cibnor)

Una historia que ha sido sometida a toda clase de tergiversaciones… unos tienen por ciertos los rumores más precarios, otros convierten los hechos en falsedades. Y unos y otros son exagerados por la posteridad.

TÁCITO

Yo, Coronavirus, asociado al Síndrome Respiratorio Agudo Severo-2, mejor conocido por sus siglas en inglés como SARS-CoV-2, causante de la enfermedad SARS-CoViD-19, voy a contar, aquí y ahora, esta extraña historia de mi “vida” (recuerde por favor, estimado lector, que el que escribe es un ente biológico que no tiene vida, como ninguno de mis familiares, los virus).

Esta es mi historia confidencial. ¿Pero quiénes, se preguntarán, son mis confidentes? Mi respuesta es: los mexicanos. Espero que sientan que hablo con ustedes de forma directa y sincera.

Nací hace poco más de cuatro meses (en noviembre de 2019), tras infectar a una mujer de 57 años, llamada Wei Guixian, que vendía camarón en el mercado de Wuhan, China. Algunos dicen que nací el 17 de diciembre al infectar a un hombre de 55 años de la provincia de Hubei, China, pero, ¡diablos, créanme, sé bien dónde y cuándo nací!

La señora Guixian sufrió mi presencia por primera vez el 10 de diciembre y tuvo que ir al médico donde solamente le recetaron antigripales, al haber confundido los síntomas. El 16 de diciembre ingresó al Wuhan Union Hospital casi inconsciente y para entonces los médicos ya habían observado que había muchos otros casos similares. La señora Guixian fue puesta en cuarentena la cuarta semana de diciembre y el último día de 2019 fue diagnosticada como infectada por un coronavirus. Días después, el gobierno chino anunció que, por lo menos, otras 266 personas también habían sido infectadas por un servidor. Fui bautizado como SARS-CoV-2 a principios de febrero de 2020 [1]. Ese es el relato de mi breve infancia. 

No podré hablar de mis padres o de mi familia con cierta extensión, simplemente, porque, a veces, las historias familiares pueden ser tediosas. Los primeros estudios moleculares sugirieron que mi familia se originó hace unos 10,000 años, pero un estudio reciente ha demostrado que mi genealogía se extiende mucho más atrás en el tiempo… hasta hace casi 300 millones de años [2]. No quisiera perder mi tiempo y el suyo en trivialidades históricas, pero si no hago un relato claro de la historia de mis parientes más cercanos, seguramente, seguirán las interpretaciones erróneas dispersándose por las redes sociales.

Como verán, yo, Coronavirus soy producto de la evolución natural, contrario a las absurdas ideas de que me “construyeron” en un laboratorio. En breve, lo entenderán claramente.

Los coronavirus somos capaces de infectar diversos mamíferos (cerdos, caballos, camellos, perros, roedores, murciélagos, hurones y gatos), aves (pavos, faisanes y gansos), además de peces. En humanos, algunos parientes míos son los responsables del resfriado común, y unos primos cercanos han adquirido fama mundial debido a que pueden provocar infecciones respiratorias mucho más graves, incluso mortales.

Bien, pues aunque no tuve la fortuna de conocerlo, la evidencia apunta a que mi progenitor es un coronavirus del pangolín (un simpático animal con escamas que se consume ilegalmente en China como “remedio” para tratar asma e impotencia) [3]. De hecho, un estudio realizado por Andersen y colaboradores a principios de 2020, como ya les había dicho, indica que nací entre fines de noviembre y principios de diciembre de 2019 [4]. Tengo un hermano que nació en China en 2002, conocido como SARS, y al que contuvieron seis meses después de su aparición. Esto implica que seguramente no soy el primero, ni seré el último miembro de mi familia que amenazaré la salud humana.

Y aquí una moraleja importante. Yo, coronavirus no soy el único virus que ha afectado al ser humano por ingerir o interactuar con fauna silvestre: utilizar como fuente de alimento animales silvestres (de los que se desconocen sus condiciones sanitarias), además de afectar la biodiversidad, representa un riesgo potencial de contraer enfermedades para las que los humanos no están preparados.

En cuanto a mi origen natural, les puedo decir lo siguiente: los virus hemos pasado millones de años “perfeccionando” el arte de “sobrevivir” a costa de nuestros hospederos. Los coronavirus nos caracterizamos, como lo indica nuestro nombre, por una “corona” que nos rodea semejante a la corona solar (por eso nos bautizaron de esa manera en 1968). Esa corona está formada por unas “espículas” formadas por una proteína que me sirve de “llave” para entrar a la célula; dichas espículas han ayudado a demostrar que yo, Coronavirus no soy producto de un plan malévolo para destruir economías, sino de la selección natural.

Un estudio demostró que mis espículas están lejos de ser “perfectas” para unirme y entrar a las células humanas que infecto [4]. De haber sido hecho en un laboratorio, hubiera esperado un mejor trabajo. Además, una comparación de mi genoma (el material genético que llevo dentro) con el de los sistemas de genética inversa que se usan en los laboratorios para el estudio de fármacos y vacunas contra enfermedades virales, demostró irrefutablemente que NO fui diseñado por humanos.

Recientemente, he escuchado rumores escandalosamente descuidados sobre el tiempo que puedo permanecer activo en diferentes superficies y temperaturas. En un estudio muy reciente se demostró que soy extremadamente estable a 4 grados Celsius, pero sensible al calor, de modo que a una temperatura de 70 grados Celsius solamente permanezco activo por cinco minutos. En superficies rugosas, como en pañuelos desechables, pierdo actividad en menos de tres horas, y en madera o telas se me puede detectar durante dos días. Pero en superficies lisas soy mucho más estable, pudiendo seguir activo por cuatro días en vidrio y hasta siete en acero inoxidable y plásticos.

Si de verdad quieres deshacerte de mi, te sugiero que hagas uso de una solución de cloro y agua (1:49) para limpiar las superficies en casa, que uses alcohol al 70 por ciento para frotarte las manos, o que te laves las manos con abundante jabón, frecuentemente [5].

Como habrás notado, yo Coronavirus he hecho todo lo posible para que mi “vida” sea lo más dichosa. Me he replicado innumerables veces. Hoy me conocen a nivel mundial, y directamente he afectado las vidas de más de un millón de personas. La mejor forma de evitar mi transmisión es limitar el contacto con posibles portadores (qué como te digo, ya son muchos). Al tener la particularidad de infectar a la gente sin provocarle síntomas, mi capacidad de propagación es alta. De modo que mantener una distancia de unos dos metros con otras personas y evitar el contacto físico reduce significativamente mi dispersión. Finalmente, hasta el día de hoy no existe un medicamento antiviral efectivo contra mí.

Las redes sociales se han saturado con supuestos tratamientos efectivos para hacerme daño. Ni el limón, ni el bicarbonato, ni el aire caliente de la secadora de pelo, ni el té de manzanilla, ni el ajo, ni el Vic VapoRub me hacen daño.

¿Quieres evitarme?

Procura, lo más que puedas, no salir de casa por los siguientes días. Reduce, estimado lector, las posibilidades de que nos encontremos frente a frente. Recuerda: soy pequeño, invisible y peligroso. Muy peligroso.

Cuántos hechos deformados sobre mí quedan aún por corregir. Pero por ahora es suficiente, y como se habrá visto traté de aprovechar al máximo la oportunidad para contarte algo sobre mi breve pero impactante historia.

Yo, Coronavirus.

 

Referencias

[1] Gorbalenya AE, Baker SC, Baric RS, et al. 2020. Severe acute respiratory syndrome-related coronavirus: the species and its viruses—a statement of the Coronavirus Study Group. bioRxiv. Publicado en línea el 11 de febrero de 2020. DOI:2020.02.07.937862.

[2] Wertheim JO, Chu DK, Peiris JS, et al. 2013. A case for the ancient origin of coronaviruses. Journal of Virology. 87(12):7039-7045. doi: 10.1128/JVI.03273-12.

[3] Lam, T.T., Shum, M.H., Zhu, H, et al. 2020. Identifying SARS-CoV-2 related coronaviruses in Malayan pangolins. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-020-2169-0.

[4] Andersen KG, Rambaut A, Lipkin WI, et al. 2020. The proximal origin of SARS-CoV-2. Nature Medicine . https://doi.org/10.1038/s41591-020-0820-9.

[5] Chin AWH, Chu JTS, Perera MRA, et al. 2020. Stability of SARS-CoV-2 in different environmental conditions. Lancet Microbe. Publicado en línea el 2 de abril de 2020. https://doi.org/10.1016/S2666-5247(20)30003-3.

 

Autores

El doctor Arturo Sánchez-Paz, el maestro de ciencias Fernando Mendoza-Cano y el maestro en ciencias Trinidad Encinas-García están adscritos al Laboratorio de Virología del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor), Unidad Hermosillo.

Asimismo, el doctor Sánchez-Paz, además de ser investigador titular A en el Cibnor, es miembro del SIN nivel 2, de la American Society for Virology, de The World Society for Virology, socio numerario de la Sociedad Mexicana de Virología, miembro de la Red Mexicana de Virología y del Consejo Consultivo Científico de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem). Contacto: asanchez04@cibnor.mx.

Las imagenes que acompañan a este artículo fueron diseñadas por el ilustrador chileno Felipe Serrano; síguelo en Twitter (@bioilustrador) y en Instagram (@biologo_ilustrador).

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